viernes, 2 de septiembre de 2011

Capítulo Treinta y cinco: Marcas

— ¡Allan cuidado! — grito su hermano más pequeño mientras se tiraba a un lado evitando un golpe.

— ¡Ya voy Erin! —dijo Frank mientras tiraba atrás unos cuantos demonios e iba a resguardar a su hermano menor, teniendo que ignorar a Allan.

Estaban en una batalla complicada, al parecer los oscuros habían buscado refuerzos, pero esta vez de una clase especial, íncubos. Estos eran los más difíciles de vencer, claro con la ventaja de absorber energía eran todo un desafío. Los tres hermanos estaban más ocupados que nunca, claro Frank se dividía en dos para cuidar a Allan y Erin. Estos tenía más desventajas que el mayor, Allan era mitad dragón y Erin no tenía mucha experiencia. Se cuidaban las espaldas mutuamente, después de una hora en pelea se sentía agotados por completo pero al parecer estaban avanzando un tanto menos preocupados terminaron y se retiraron hasta un próximo encuentro.
En la tienda de los tres hombres se miraron y sonrieron, todos con la misma sonrisa, era una sensación de paz al verse vivos todos al final del día. Hacía unas semanas Allan se le había incorporado de forma permanente, o eso pensaban sus hermanos, entonces cuando se dispusieron a dormir el hermano del medio les dijo:

— Saben he estado pensado, el otro día me pasó algo extraño per...—se detuvo en seco, sentía algo en su interior.

Frank y Erin tardaron en darse cuenta, que su silencio era más que un sueño repentino. El menor se levantó asustado cuando lo sintió y fue a ver a su hermano. Estaba congelado, era evidente que el poder de ese demonio era grande. Entonces Frank y Erin lo abrazaron, intentando sacarlo de ese hechizo, al volver a sentirlo cálido éste no perdió tiempo alguna y salió rápido de la tienda y entonces sintió como todo a su alrededor estaba congelado, el pasto, los árboles, el cielo oscurecido. Lo reconoció de sólo verle el rostro, estaba cambiado pero su apariencia era la misma, al parecer él tampoco había perdido el tiempo.

— Hola dragoncito, tiempo que no nos vemos. ¿Recuerdas el favor que me debes? —se le apareció justo en frente mientras sonreía— Sabía que te encontraría aquí.

— ¡Maldito ya verás! —entonces se convierte en dragón e intenta golpearlo pero era muy rápido.

El íncubo se le escapa mil y un veces, claro uno estaba renovado y listo, el otro ya estaba cansado y con golpes que lo habían dejado para descanso. Frank intentó ayudarlo pero tampoco pudo alcanzarlo, en cuanto al más chico le ordenaron que se quedara en la tienda y así lo hizo. Los demás estaban muy lejos como para buscar ayuda, ellos eran la guardia, mala idea.

— Ya estás viejo amigo. —dijo mientras lo empujaba y Allan caía pero aún así se seguí levantando, el demonio siempre envidió su perseverancia pero como sabía que era imposible que le ganara jugó un poco con él— ¿Sabes?, tu no eres el único que está viejo, por lo que sé mi hermana también está bastante grande ya....lástima que ella no pueda ni siquiera recordar tu nombre.

— ¿Qué dices? —bajó la guardia y de pronto siente como lo empujad desde atrás, ya no sabía cuánto más podría soportar mantenerse como dragón.

— ¡Allan no lo escuches! —dice su hermano cuando de un solo golpe en el estómago cae inconsciente al piso.

— ¡Frank! —se transforma en humano y va con él mientras intenta mantenerse centrado, ya había tenido el mismo problema, esa maldita teletransportación era su desventaja— Sólo debo esperar un poco más...un poco más...

Entonces en lugar de buscar como dragón se concentró como humano, con Amuria había hecho lo mismo, sentirla fue la única forma de atraparla y en contacto con él no podría usar su poder. Las sombras tuvieron más formas, sabía que lo atacaría tarde o temprano. Debía ser cauteloso y actuar en el momento indicado. Por primera vez en su vida pudo comprender qué debía hacer, como si en parte alguien se lo dictara evitó cada uno de sus golpes y con el tiempo justo llegó a apresarlo en sus garras para entonces detenerlo contra el suelo. Erin miraba asombrado cuando se dio cuenta que era la oportunidad perfecta para ir por ayuda.
Allan miraba a Aiperus con desprecio, no sabía que debía hacer hasta que por fin se decidió, acabaría con su existencia aunque le costara su dignidad. Ya no le haría daño a nadie más. Alzó su puño en el aire y lo envolvió en llamas, lo quemaría vivo de ser necesario, fue por su culpa que Amuria se había rendido y que lo había dejado. Por miedo a que lo lastimara, pero ahora sería distinto él sería quien destruiría a ese ser tan miserable. De los labios sangrantes del demonio salieron las palabras justas para que Allan se detuviera.

— ¿Quieres saber dónde está?

El dragón lo miró a los ojos, no mentía, no debía escucharlo él tenía la clave para encontrarla. No caería en sus juegos de nuevo. Algo lo detiene, una mano toma firmemente la suya y al voltear ve la mirada seria de su hermano.

— ¡Déjalo Allan!

Queda estático y se detiene pero no lo suelta, siente como Frank lo empuja y toma su lugar sobre el demonio. Podía ver como los ojos de dragón se asomaban en su rostro, por alguna razón le daba miedo. Abrió sus alas y entonces le susurró algo a Aiperus, este se puso pálido y entonces le murmuró algo en el idioma de los oscuros. El gran dragón lo entendió y entonces con una voz extraña le ordenó:

— ¡Sal de aquí Allan! ¡Hagas lo que hagas vete y no mires! —dice y entonces lo empuja con sus propias alas hacía atrás— ¡Aléjate!

El joven confundido sólo hace lo que dice y se aleja cuando siente algo tan paralizante dominarlo que no se atrevió a voltear.
Lo que no pudo observar era mejor que no lo hubiera hecho. Frank mostró una mirada que tenía oculta hacía años. Sus ojos se tornaron carmesí como los mismos demonios que él asesinaba día tras día. Se acercó al rostro de Aiperus y apenas susurrando le dijo:

— Si tu no tienes nada de valor, entonces no sirves. —sonrió malicioso por un instante.

Entonces lo envolvió en su fuego, pero no era el mismo de siempre, este vaporizó por completo al cuerpo del demonio y llevó su esencia al centro de la tierra dónde sería juzgado. Frank, lo había matado, cansado de ese acoso y cada vez más distante de la realidad su mente era consumida por un secreto que nunca nadie sospechó. Allan salió y no encontró nada más que el cuerpo de su hermano tirado en el suelo boca abajo. Fue hacia él y lo volteó, parecía que estaba dormido o algo. Se siente llegar a Erin y unos cuantos compañeros más y todos sorprendidos ven el cuerpo del más fuerte caído, todos ayudaron y lo acogieron bien. El joven de ojos celeste no supo explicarse y sólo dijo que había tenido una pelea dura y se sobrestimó demasiado.
En cuanto el más chico de los hermanos entró a verlo se percató de un olor extraño pero su cara no fue por eso, sino más bien por el hecho de saber de quién provenía. Azufre.

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— ¡Amuria cuidado! — dijo Lucía mientras la corría a un costado de la escalera y acto seguido una bañada por un líquido azul que por poco la asfixia.

— ¡Lo siento! —se le acercó y entonces la sacó antes de que se ensuciara más— Perdóname, no quise en serio, yo no me fijé...

— Ya niña tranquila, siempre quise ver cómo me quedaría el pelo azul, sólo termina de pintar y ten más cuidado con los bordes de la escalera. Yo voy a cambiarme.

— ¡Perdón! —le repitió al verla salir.

La mujer ya, estaba pintando su habitación con un gran paisaje, se había dado ese gusto, después de mostrar algunas de sus pinturas había conseguido un buen dinero con ello. Al parecer si tenía talento, aunque no lo quisiera admitir. Pronto habría una exposición donde estaría una de sus obras, ella siempre las enseñó como anónimo, pero aún así estaba ansiosa por saber qué dirían de ella.
Horas más tarde ya había terminado, había quedado perfecto, miles de olas a su alrededor. Logró sorprenderse a sí misma. Entonces ordena todo y siente que Lucía la llamaba a cenar. Ni siquiera se cambio de ropa y fue sin perder tiempo. La mujer de larga cabellera cocinaba como muy pocas ya, siempre era casera y casi nunca hacía comida basura. Por alguna razón, parecía cuidarse, desde que se convirtió en humana dicen comenzó a preocuparse por el tiempo que le quedaba.
Vio a Amuria llegar, toda pintada, pero sus manos limpias, ya estaba grande aunque su inocencia aún no desaparecía, a veces le costaba creer que hubiese sido un demonio, porque era una niña especial y seguramente muchos la amaron. Sí muchos.
Cada día parecía sonreír menos, la joven lo sabía entonces le contó de su evento.

— Lucía van a exponer mi obra y será una linda fiesta. ¿Te gustaría acompañarme? —la mira mientras tomaba de su copa.

— Me siento orgullosa de ti, Amuria, claro que iré. No me lo perdería por nada. —apenas la mira, cuando sus ojos se abren por completo y queda tildada— Está cerca...—murmuró por lo bajo.

— ¿Quién está cerca?

— Él.

Estuvo así un tiempo y luego no volvió a hablar, Amuria tampoco la incitó demasiado, ya le había paso otras veces que sentía eso y pese a que no le entendía no debía molestarla. Entonces sintió un dolor, una molestia en su espalda. Se sacó la remera y al ver su espalda en el espejo se quedó tan impactada que casi se cae contra el mueble que tenía detrás. Las marcas que tanto trabajo le había costado curar de su espalda estaban nuevamente sangrando, como si nada. Fue corriendo al cuarto de Lucía y esta al oír sus gritos se asusto tanto que sólo le basto abrir los ojos para ver a la joven histérica y hablando demasiado rápido como para entenderla.

— ¡Ya cálmate y dime qué pasa! —estaba en camisón y apenas podía contenerla cuando la ver el piso notó la sangre que se deslizaba por su espalda— Amu...

— Yo...

Antes de poder decir más se desmayó, pero más por la impresión. La mujer alcanzó a sostenerla y la recostó en su cama con cuidado. La desvistió y entonces comenzó a atender sus heridas. No podía entender porqué se habían abierto así, después de lo mucho que le costó borrarlas de su piel. En cuanto terminó calló rendida a su lado, la sintió murmurar algo entre ese sueño tan repentino.

— Ya vienen.

Lucía se sorprendió y apenas le acarició el cabello, sí tenía razón, ellos venían.

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Estaban en un pueblo, Frank había estado inconsciente demasiado tiempo y lo llevaron a un hospital cercano. Este al despertar, después de unos cuatro días recordó algo de repente y sin permiso ni del doctor ni nada se levantó se vistió y cuando estaba a punto de irse Erin entra al cuarto y no puede ocultar su asombro. El mayor parece ignorarlo y hasta intenta sacarlo de su camino pero el menor lo evita pero entonces Allan lo ve y lo acorralada contra la pared, siente su fría mirada examinarlo a fondo pero no desiste.

— Debes descansar.

— Ya estoy bien, además yo siempre tengo razón o lo olvidas. —entonces se lo saca de encima y acota— Tengo que ir a un lugar, ustedes regresen a casa.

Allan y Erin intercambiaron miradas, siempre habían respetado la privacidad de su hermano pero ya era preocupante. Le cerraron el paso y lo obligaron a acostarse de nuevo, era todo un adulto pero algo en su mirada despertaba desconfianza y nada parecía apuntar a nada bueno. Pasó un buen tiempo hasta que lograron tranquilizarlo para que les dijera que planeaba.

— Hay una ciudad cerca de aquí, todos lo años hacen una celebración al arte y debo ir. Debo ver a alguien. —mira hacia la ventana— Sólo eso, será en unos tres días.

— ¿Una fiesta? ¡Yo quiero ir! —exclamó emocionado Erin, que claro aún quería disfrutar de su juventud.

— ¿Sólo eso? No del estilo de cosas en las cuales te veo Frank. —dijo dudoso Allan cuando recordó que cerca de allí podría tener más pistas de Amuria, la última vez en el campo fue por esa dirección que su estrella comenzó a brillar.

— Admitan, no me conocen para decir algo así, Allan. —le contesta serio y entonces sólo se levanta— Pueden venir mientras no se metan en mis asuntos.

— ¡¡Si fiesta!! —dice casi celebrando el más chico cuando la sentir las dos miradas de "eres inmaduro" de sus hermano se achicó y entonces salió del cuarto para preparar las cosas.

— Yo te pedí ayuda, ¿es necesario que te la ofrezca ahora? —pregunta Allan preocupado por esa mirada ya no fría sino entristecida del dragón mayor.

— No. Es mi problema y lo resolveré, pero cuando destruí a Aiperus me di cuenta que ya no puedo evitar las cosas, debo eliminar ese error. —se había descuidado, al hablar.

— ¿Tu mataste a Aiperus? —intenta verle los ojos pero este no contestó.

Ninguno habló más desde entonces, el mestizo entonces salió del cuarto y vio a Erin empacando todo con cuidado, se notaba que no era un hombre para la guerra, era muy chico aún con dieciocho años. Le puso una mano en le hombro y le susurró:

— Debemos cuidar de Frank, así que no te relajes tanto.

— ¿No sentiste su olor? —le dice serio.

— No, ¿por qué?

— Huele a demonio, pero como si fuera él. —entonces se pone serio y sus ojos verdes brillan— Allan, está más misterioso y cerrado de lo normal, creo que algo malo le pasa.

— Sólo son presentimientos de joven que eres, él estará bien pero sí debemos asegurarnos que no haga tonterías. Por estos días seremos nosotros los responsables ¿si? —le sonríe apenas y entonces lo mira.

— Ahhh está bien, pero sé tu más responsable, a mi no me sienta jajajaja

Al oír su risa Allan le respondió de la misma forma, tantos años habían pasado que sólo entonces se dio cuenta de lo mucho que había crecido, porque Erin tenía su misma actitud despreocuparte que tanto lo acompañó en su juventud.
Recordó a Amuria, ¿qué haría si la encontraba? Era la primera vez que se preguntaba eso en tiempo, como si fuera seguro que la encontraría en esa ciudad. Se sentía extraño, un deja vú extraño lo invadió...¿Qué haría si la encontraba?

CONTINUARÁ

1 comentario:

Minae dijo...

Que locoo!!!!
Erin un mini mini mini Allaaaaaaaaaaaan x3!!!!!!!
Me mata nee-chan, tengo miles de supociciones en mi cabezita, pero debo esperar al próximo capítulo para ver! x3
Me encanto, de verdad, es una excelente historia :DD